Las cuerdas dobles (Parte II)

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Las cuerdas dobles (Parte II)

Adrià López 24 Oct 2016

Usos y antecedentes de las cuerdas dobles

¡Hola de nuevo, escalador@s!

En el primer post sobre cuerdas dobles nos centramos en las características técnicas y los aspectos de la normativa, para dar preferencia a la parte más conceptual, pero quedaron pendientes algunos temas. En esta segunda entrega nos centraremos en su parte más descriptiva: los usos y algunos antecedentes de la escalada con doble cuerda. También plantearemos el debate que gira en torno a su uso.

Usos. Ventajas e inconvenientes

Este tipo de cuerdas son utilizadas en vías de varios largos debido a las ventajas que nos ofrece trabajar con dos cuerdas cuando progresamos en una pared. Generalmente, se utilizan en grandes rutas donde se prevean rápeles largos, en vías clásicas o de carácter alpino, en líneas muy sinuosas o también, en caso de ser una cordada compuesta por tres personas.

Por un lado, un aspecto importante a tener en cuenta de estas cuerdas es su reducida fuerza de choque (alrededor de cinco o seis KN). Esto implica mayor absorción de la energía en una caída en comparación con una cuerda simple y, por lo tanto, el escalador y los seguros reciben menos carga. También resulta muy interesante el reparto de tensiones que se produce entre las dos cuerdas. Al trabajar por separado, las tensiones de la caída se distribuyen entre las dos cuerdas y a su vez, éstas reparten la tensión entre los distintos seguros por los que pasan cada una de ellas. En caso de que salte un seguro, el impacto que recibe el siguiente será significativamente menor que si utilizáramos una cuerda simple.

De otro lado, las dobles ofrecen una serie de ventajas, como por ejemplo la reducción del rozamiento de la cuerda, o la posibilidad de poder pasar las cuerdas de forma independiente en dos seguros emplazados a una misma altura. Además, y por lo que respecta al compromiso, resulta beneficiosa la redundancia que nos ofrece tener dos cuerdas en el caso de que una se deteriore, o disponer de más metros de cuerda efectivos en caso de tener que abandonar la vía.

Sin embargo, las ventajas citadas anteriormente no implican que estas cuerdas sean siempre la mejor opción para hacer vías de varios largos. Sobre todo cuando escalamos grandes rutas de carácter deportivo, donde probablemente será más eficiente una cuerda simple.

Finalmente, debemos ser conscientes que las cuerdas dobles tienen ciertos inconvenientes respecto a las simples, como son un manejo más complejo que afecta a la velocidad de ascenso, una vida útil más breve por tener diámetros más pequeños y un desembolso económico y un peso mayores.

Algo de historia:

Tal y como cuenta Riccardo Cassin en su autobiografía Jefe de cordada, a principios de los años 30 Emilio Comici ya utilizaba dos cuerdas y unos estribos para la técnica de ascenso llamada “a tijera” o “a tira y afloja”. Esto les permitía pasar airosos en tramos de artificial ahorrando bastante energía y aligerando notablemente los movimientos.

Entonces no había ningún tipo de arnés como lo entendemos hoy en día, y la doble cuerda evitaba tener que anclarse en cada pitón para poder colocar el siguiente inmediatamente superior. Este método permitía al asegurador tirar y bloquear una de las cuerdas para sostener y ayudar al escalador. De este modo, el escalador tenía la otra cuerda disponible para instalar y pasar la cuerda por el siguiente punto de anclaje.

Hay que destacar que tanto Comici como Cassin solo utilizaban la doble cuerda y las técnicas de artificial cuando la progresión en libre no resultaba posible. Siguiendo esta metodología, en aquellos años se abrieron líneas espectaculares y muy atrevidas. Como ejemplo, me gustaría citar el espolón Walker (4.208m) en la cara norte de las Grandes Jorasses, abierto en 1938 por Riccardo Cassin, Luigino Esposito y Ugo Tizzoni. En su apertura, los escaladores utilizaron dos cuerdas de cáñamo de diez milímetros, además de otra cuerda auxiliar y cincuenta pitones. Realizaron el ascenso a la cumbre en unas 35 horas.

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 Tizzoni, Cassin y Esposito a la vuelta del Espolón Walker.

Todo esto nos da una visión de cómo la técnica de la doble cuerda ya formaba parte de los sistemas de progresión italianos en los años 30, y permitió abrir entonces vías estéticamente espectaculares que en libre no se habrían considerado. De modo que, a nivel conceptual, el uso de la doble cuerda se remonta a bastantes años atrás, aunque evidentemente consistía en una técnica muy distinta a la escalada con cuerdas dobles que conocemos hoy en día.

El debate:

Hoy existen en el mercado cuerdas dinámicas de triple homologación, peso muy reducido y con fuerzas de choque relativamente bajas (alrededor de siete u ocho KN). Es el caso de la Opera de Beal o la Edge de Simond (la cuerda semejante en nuestra gama de productos) que abren las puertas a otra manera de hacer vías largas distinta al estilo alpino clásico. Partiendo de la mentalidad actual de escalar las líneas en libre, parece mucho más sensato utilizar cuerdas simples en vez de dobles, y freno automático en lugar de cazoleta manual. Será más ventajoso siempre que se deseen mayor rapidez, mayor seguridad o mayor eficiencia y el tipo de vía lo permita. Pero entonces, ¿qué tipo de cuerda o qué método serán más acertados?

Por un lado, me gustaría destacar la aceptación del compromiso que supone escalar tan solo con una cuerda simple si fuese necesario abandonar la vía. En general se puede abandonar una pared con una cuerda simple dejando material si fuese necesario, pero muchas veces esto implica realizar alguna maniobra comprometida. Por este motivo, si vamos a escalar con cuerda simple, puede ser útil llevar un cordino auxiliar de siete u ocho milímetros y de un largo suficiente como para poder descender la tirada más larga de la vía.

De otro lado, hay que tener en cuenta aspectos como la seguridad, la eficiencia o la velocidad de nuestra escalada, en función del material escogido o del método utilizado.

Ya sabemos que las cuerdas dobles tienen más dinamismo que las simples, y que resisten un buen número de caídas en condiciones extremas. De todas formas, ante caídas extremas o con factores de caída muy elevados el problema nunca será la resistencia de cuerda, sino el tipo de freno que usemos y la energía que deberá absorber el asegurador. En según qué situaciones, si el asegurador utiliza una cazoleta de freno tipo manual, nos deberíamos plantear la estrategia a seguir.

Por ejemplo, en el caso de ciertas reuniones colgadas o en el caso de que la línea se mueva horizontalmente al salir de la reunión, puede llegar a ocurrir que ante una caída fuerte, el asegurador quite instintivamente la mano de la cuerda con la sacudida para no golpearse contra la roca o para proteger la cabeza, dejando correr la cuerda. Algo parecido podría ocurrir si cayese una piedra al asegurador y este quedara aturdido. Es aquí donde vemos el principal peligro que presenta usar cuerdas dobles junto a un freno de tipo manual. Sin embargo, esto se puede resolver de varias formas. Por ejemplo, recuperado la cuerda en la reunión en bucles con nudos, o bien utilizando una cazoleta para doble cuerda que disponga de freno asistido.

De modo que el riesgo no proviene del material utilizado, sino más bien del método empleado. Como escaladores, debemos evaluar los riesgos y escoger entre distintos aspectos críticos, como son la seguridad, el dinamismo, la agilidad, la velocidad… etc.

Por este motivo, antes de escalar resulta interesante evaluar las distintas situaciones de peligro que puedan ocurrir y decidir qué tipo de freno se debe utilizar, donde lo vamos a fijar, el método de escalada o el tipo de cuerda más apropiado para aquella vía. Finalmente, es necesario asumir las consecuencias de estas decisiones.

Como hemos visto, cualquier escalada se divide siempre en dos fases muy diferenciadas: primero una de reflexiva y luego una de acción. No está de menos detenerse en la fase reflexiva y analizar y estudiar la vía. Antes de embarcarse en un proyecto estéril es necesario algo de reflexión personal. Hay que preguntarse qué compromiso o qué exposición se está dispuesto a asumir, y también sobre los aspectos técnicos —como las cuerdas, o el tipo de freno que vamos a utilizar.

Distinguir estos procesos y trabajar en ellos es algo que ayuda mucho a encontrar la conexión y a fluir en la pared.

Fuentes:

CASSIN, Riccardo (2003). Jefe de cordada: Mi vida de alpinista. Madrid: Desnivel, 1ª ed, p.61-78. ISBN 84-96192-02-4.

Beal Planet. Workbook 2016

[en línea. Consultado: 25 de julio de 2016]. Disponible en: <http://www.beal-planet.com/img/cms/sport/Catalogue%20PDF/100dpi_WB2016_SP.pdf>

Por | 2018-04-03T11:20:22+00:00 octubre 24, 2016|Entrenamiento y técnica, Escalada|Sin comentarios

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Adrià López

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